SECCIONES

6 sept 2011

HÉROES DEL SILENCIO

La vieja camioneta se habría paso entre las ya vivas calles que precedían la finca, en su interior, tres viejas almas esperaban por algo. El conductor era silencioso y apartado, un hombre delgado y de estatura media, con cabello corto muy bien arreglado, que realizaba su tarea a fin de ella misma. Atrás, dos jóvenes, un hombre y una mujer, disfrutaban del trayecto en medio del paisaje casi ideal, casi pensado por un ser humano (¿podría el hombre hacer tal cosa?), no charlaban, se dedicaban a sentir el viento que se colaba por las ya gastadas carpas, era uno de esos vehículos que uno casi puede sentir cuando está en ellos; el motor ruge y reclama presencia, las llantas se mueven a su ritmo y uno casi puede entender la física que gobierna el hecho, como si se tratase de un compañero más. Al dejar la carretera, pasaron por el trecho de campo que antecede las rudimentarias casas; no tardó en nacer conversación atrás sobre lo diferentes que son esos lugares, los lugares verdes de olfato fuerte, las piedras organizadas por una inteligencia no-humana, algunas huellas de herramientas de primer orden, construidas por y para el instante, conversación que pronto se transformó en nostalgia, un tanto reflexiva, mientras el jeep rodaba con dificultad, las montañas opinaban, se preguntaban por el sentido de las calles y los edificios, ¿acaso no lo es todo la tierra sin intervención?, antes de ir demasiado lejos en palabras, por una maravillosa suerte, llegaron a su destino.

Le dieron las gracias al azaroso conductor, saludaron y se fueron a la vieja cabaña de la cima de la montaña, a unos pocos metros de la casa, pero definitivamente distanciada por universos no equiparables en medidas humanas cuando se entraba en ella, uno de esos lugares que podría dar cuenta absoluta de los hombres sin el menor registro de lenguaje convencional. La tarde amenazaba con irse, hablando de símbolos de tiempo, hablando de arbitrarias construcciones, la tarde que nos recuerda que no siempre es tarde y no siempre es noche, no siempre es alba ni montaña, que la tierra es un azar como los momentos que componen la vida de los hombres, que los momentos se extinguen como las páginas del libro se llenan de hongos. Pero decidieron hacer una tregua con la tarde, por un día imitarían la inmortalidad y desafiarían la nostalgia, hablándoles de frente, declarando aceptación y paz; entraron en el cuarto de la cabaña, se sentaron con piernas cruzadas en la cama por un lapso indecible, sin tocarse, pero sintiendo la absoluta ausencia de la colonizadora soledad, él se levantó y encendió la cámara de video, la puso sobre esa vieja y hermosísima mesa, la que tiene cuatro patas de madera encajadas inferiormente a una tabla, con cortes no muy bien definidos, con puntillas evidentemente clavadas a mano, esa mesa que no es fría, esa mesa que está viva; la cámara apuntaba a la cama, sin previo aviso e iniciando él propuso un juego:

-¡Oigan! ¿quién de los dos está viendo este video? ¿o acaso lo está viendo alguien que nos quiere?, sea como sea, quiero que sea observada mi piel mestiza, joven; quiero que sea observado mi rostro con huellas de acné reciente y sin ninguna arruga, quiero que sea sabido, que el joven animal que me guarda no podrá asesinar este instante que nos posee, perdono de antemano a quien llore viendo este video, si eres tú mismo, si soy yo, te juro que te absuelvo por cada lágrima que derrames, son humanas estas cosas y por eso quiero que esta noche permanezca viva, porque la muerte y las canas son muy pesadas en abstracto, y no me atreveré a especular sobre lo que siente quien las lleva encima, pero quizás, aunque implique comparación, quiero decir que los días de mi juventud hacen válidos los futuros pesos, y que esta mujer que ahora me acompaña en este día que es único, hace que en agradecimiento yo empeñe mi futuro, como buen ser humano, como preso y agradecido de su naturaleza.- Volteó su mirada hacia ella, le preguntó: -¿te animas?, miró la cámara y empezó hablar.

-No sé que opines de mí, si miras mi rostro y mi cuerpo expectantes, la vieja canosa y cansada que mira, directamente a los ojos y sin imaginación, en auténtica realidad, a la niña, es esa la naturaleza de la fotografía y el video, la realidad como obra de arte, mi dolor vivo en mis palabras y en mis ojos, en mi voz, la imposibilidad de oír tus reclamos hasta el día en que sea yo quien esté en tu lugar. Yo no sé si pueda perdonarme, pero le temo más a que tu puedas hacerlo, creo que algunas veces di lo mejor de mí y otras no, creo que a veces di amor y a veces no; qué mas puedo decirte; estoy pensando en qué me gustaría oír cuando la tristeza y la soledad sean el absoluto, quizás fuera que el todo hace que todo valga la pena, que vivir es la gran experiencia, que todos los absolutos presos de subjetividad son la vida y nada más. Creo que con certeza podría decir que te quiero, que así como la niña vive en mí ahora y a veces me llora, a veces hace pataletas, la joven mujer estará aún en ti, y es triste, lo sé, ya lo sé… no tengo más energía para esto…-

Empezó a llorar, él apagó la cámara y la recibió en su pecho, qué gran testimonio de lucha, el hombre que vive es un héroe, el hombre que se levanta cada mañana es un héroe, los jóvenes que dormirían en aquella cabaña son héroes, héroes del silencio.

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