SECCIONES

24 sept 2011

ABRO LOS OJOS

Precisamente esta lluviosa noche.
Mi destino, el misterio, el hombre.
Fue esta y no otra la noche
En que el sendero que recorro se bifurcó hacia mi nombre.
Fue esta y no otra la noche
En que no pude soportar el universo.
Fue mi perdida congoja, mi pálido aliento
El que sumiso, apagado, fascinado,
Divisó desde muy lejos el humilde cielo,
El pequeño panorama, la gran montaña
De los sueños, del desierto, de la mañana.
No hay en el mundo dos hombres iguales,
Declara un inquieto poeta,
Mas, ¿hay en el mundo dos hombres si quiera?
¿Existe el mendigo, existe el rico, existe el anacoreta?

¿Soy yo, yo, si quiera?

19 sept 2011

EL FUEGO NO CESA

Describir el aliento de azufre de ese inmenso dragón envuelto en las llamas provenientes de su corazón, no queda más que el desperdicio del alma humana en cada parpadeante ojo que explota sin razón alguna. Aparentemente, los pequeños rasgos de una transición del frio al calor nos hacen experimentar sueños profundos de amargura eterna, con cada sorbo de cerveza nos damos cuenta de ello; entre más tiempo pasa, más la cerveza se calienta y nos inunda una terrible desesperación irreconocible pero que sale desde el mismo corazón de donde el dragón saca su explosiva emotividad en forma de llamas hirvientes. Tal vez ese sea el desahogo a nuestra irremediable angustia que nos inunda día a día al sorber la cerveza cada vez más caliente, el pan cada vez más duro, el queso cada vez más rancio. A los ojos de una fogata escupida por el dragón, nuestros esfuerzos no valen de nada en la vida.
Dónde queda la pureza del ser mío, dónde queda la vasta inmensidad de las llanuras verdes cuando el dragón simplemente acude a sus entrañas para quemarlo todo a su paso. No existe pues, tal cosa que llaman arrepentimiento ni sentimiento de culpa. El dragón, representando a la vida misma que se posa y nos llena de dificultades el camino, de hendiduras y de quemaduras internas nuestro propio razonamiento ni se mosquea por hacerlo, por hacernos sufrir; Oh Dios mío, hacernos sufrir.
Con cada acercamiento a la verdad las quemaduras se hacen más intensas, el fuerte calor irradiado por el dragón no nos deja acercarnos a ella, a la verdad. Jamás el tiempo se hubiese detenido sin mirarnos nuevamente y preguntarnos a dónde íbamos; por fortuna lo hizo y hoy en día, aunque tratemos de acercarnos al infierno ardiente no sentimos el calor, no nos quemamos, tan solo sentimos eso, un sentimiento de culpa por tratar y no poder. ¡¡¡Valla!!! Sí existe tal cosa, sí existe el arrepentimiento. Lo lastimoso será entonces el no intentarlo, el inevitable paso el tiempo que nos hace incluso cada vez más ardua la labor, como si no fuera solo un dragón sino miles de dragones regodeándose y viendo al hombre zarpar en un viaje de roca fundida y de lava incandescente a su inevitable destino: el quemarse finalmente en su propia mente e ideales.

No para


El mundo está dando vueltas sobre su propio eje a velocidades impresionantes, así ni usted ni yo lo podamos percibir. El capitalismo se está reformando con cada cana que le sale a  Obama. Una gente sale de fiesta sin comer, mientras otra celebra que llegó una porción de arroz a un plato, vacío desde antes que se pudiera perder la memoria. A García Márquez le atribuyen afirmaciones filosóficas, mientras él está descifrando qué carajos fue lo que escribió. A un técnico de fútbol lo despiden, sin que sus jugadores hayan alcanzado a adaptarse a su estilo de juego.Un hippie monta una empresa y se vuelve millonario, por tratar de hacer el amor y no la guerra. Un actor porno  se traga una pastilla de viagra, mientras su colega a penas está llegando al orgasmo. Alguien está leyendo la respuesta de un mensaje de Blackeberry, sin ni siquiera haber planeado hacer una pregunta. A un senador le faltan 190.000 pesos para gasolina, y un ciudadano busca la misma cifra para salir de la pobreza.

Un hipster critica al sistema detrás de las originales gafas que logró copiarle a Woody Allen. Un punketo rompe un vidrio y celebra haber destruido una parte del sistema que mañana, será reemplazado igual que él por otro punkero que tal vez no destruya solo el vidrio, sino todo un negocio. Y este será suplantado por uno que sepa alejar a los saboteadores, tan necesarios para que haya movimiento.

Porque eso es lo que nos queda: movernos. Ir al gimnasio para volvernos cada vez más fuertes, en un mundo en el que todo lo podemos hacer con un click. Como Anonymous cierra páginas oficiales, en vez de espichar un botón y redirigir un cargamento de comida a Somalia, donde la O.N.U. dice que hay gente muriéndose de hambre. La O.N.U. puede tener razón, pero yo le creí más a la foto de los huesos de un niño  forrados en una piel marrón, compuestos en una en posición fetal, que publicó un periódico gringo. Imagen que se consiguió presionando un botón. Imagen que estaba a un click de distancia cuando fui a leer la noticia.

No sé qué hacer con ese niño. No sé si en verdad era un niño. Podría haber sido una señora que jamás creció, que jamás se movió por una desnuitrición infame. No sé si comerme la próxima hamburguesa del Corral, que tanto me echó Diego en cara, mientras sigo jugando al buen ciudadano. No sé si creo en el tiempo, pero tengo la certeza de que no para. No sé si creer en mis principios, porque este maldito movimiento no cesa y creo que ya están comenzando a ser finales.

18 sept 2011

LA VIDA DEL INSIGNIFICANTE SER

Salgo caminando como de costumbre de la casa al parque, del parque a la casa. Qué gran infinidad de cosas logro apreciar en el camino. Qué desgracias tan inmensas encuentro en el camino. Mi departamento, al cual llamo casa por costumbre aunque de casa tenga poco, es un cuarto oscuro, pintado de azul oscuro, con un sofá color café oscuro, una pequeña y oxidada cocineta con una sartén tal vez algo infectada debido a su mal uso y a la falta de agua que ha tenido en bastante tiempo, un baño en el cual paso la mayoría del tiempo leyendo, fumando y considerándome un insecto urbano más de una sociedad plagada de insecticida. También, en la pared más amplia de la casa un cuadro, supongo que será de algún santo por la pose y los artefactos religiosos que en él encuentro como una biblia, una corona divina, el sujeto sentado sobre una pila de maderos cortados casi a la perfección para la hoguera encendida que representa el fondo del lienzo que me regaló mi madre el día antes de morir. Todo esto se encuentra refundido entre cientos de bolsas de basura que colecciono hasta que decido el momento preciso para sacarlas y que el joven muchacho que trabaja en la compañía de aseo de la ciudad las recoja. Valla muchacho si dista de ser interesante. Tiene una vida más aburrida que la mía con la única diferencia que él posee un trabajo; el vive entre basura, no posee amigo alguno y la vida no le sonrió igual que a mí. Sin embargo, a pesar de ser igual que yo, él es de las pocas personas en las cuales me intereso y baso mis pensamientos.
En fin, cuando no me encuentro sentado en el baño leyendo y considerándome una metamorfosis más como la planteaba Kafka salgo al parque, me siento en una banca frente al lago donde los patos y gansos se jactan de tener una vida menos miserable que la mía. Simplemente fumo y los observo reírse de mí. Qué descaro tan inmenso el de esos animales al creerse mejor que yo por alimentarse felices en su estanque durante todo el día. Veo a los niños encantados lanzando granos de maíz y de arroz, jugueteando, corriendo y algunos hasta mojándose en el agua putrefacta de aquel lago asqueroso y hediondo. Al otro lado veo a un indigente que en apariencia y por los trapos harapientos que lleva supongo que es más cercano a mí familiarmente que cualquier otra persona, pero también le veo una diferencia con mi persona, a él no le preocupa nada más que el pan o la limosna que le ofrezcan.
Si bien no me importa este tipo de gente, no soporto el ver a un niño cuando me mira desde el fin del mundo, cuando su mente y su corazón se hallan tan drogados que lo único que encuentro es desesperanza humana, casi irracional. Así es mi parque, un lugar armonioso, frío y repleto de bosques artificiales como de cuentos de hadas; algo irracional pero que existe en esta ciudad frívola y desalmada. Es casi como si hubiera un pedazo de paraíso en la tierra. Sin embargo encuentro fielmente, todos los días al niño drogado, al indigente, a los patos, a los pescados, a los niños jugando; toda una inmensidad de contrastes a los cuales no les veo ninguna explicación. Y sí, este parque representa al mundo, las cosas que veo en él representan al hombre en su esencia, en su máxima expresión. Despreocupados, alegres, tristes, personas que prefieren cambiar su relación con la realidad para encontrarse en un lugar mejor, menos egoísta y abrumador. ¿Y yo?, represento a aquel quejumbroso sujeto en cuya mente se forjan y se generan cosas, cual Dios creando al universo y al hombre. Entonces en mi condición de Dios decido en última instancia, mandar toda mi imaginación a volar, fumar, leer y observar a los patos y gansos burlarse de mí y disfrutarlo, así como disfruto del indigente, del muchacho que recoge las bolsas de basura, del niño drogado y de mi mismo, sin actuar, simplemente como sujeto pasivo que recibe información y olvidándose del sufrimiento. Así, en mi condición de Dios, considero a Dios como la imagen más vaga y perezosa creada por mí para hallarle una explicación a todo. No sé de matemáticas, no sé de leyes, no sé de física ni mucho menos de filosofía, pero no hay que saber de nada para ser considerado Dios y para actuar como ente pasivo en la actividad natural del hombre, o de la razón, o del instinto.
Cierro mi libro, termino mi cigarrillo y vuelvo del parque a mi casa, de la casa al parque y simplemente en mi condición de Dios, me siento en mi baño junto a las nubes con el Coronel Sanders a mi derecha arrojándome “popcorn chicken” a mi boca y encierro toda mi desesperanza en un bocado que disfruto al máximo. Claro, toda esta historia irreal y surreal a la vez la cuento desde la comodidad de mi cuarto no oscuro, en mi departamento  limpio y sin bolsas de basura, frente a mi televisor y con un “popcorn chicken” real a mi lado recordándome lo fácil que es volar la imaginación y lo lindo que es, desde mi posición al menos, jugar a ser Dios y desafiar las condiciones humanas, la injusticia, los problemas sociales, políticos, jurídicos, matemáticos, etc. y convertirlos en simples representaciones mentales con soluciones tan fáciles como cambiar de canal, o apagar la T.V. y que además sean de orden secundario en nuestra insignificante vida.

7 sept 2011

Es absurdo: Fausto me persigue

Fausto me persigue. No sé quién es, pero estoy absolutamente seguro que me persigue. Es como el Homero de Iliadas y Odiseas: no sabemos si existió, pero tenemos la certeza de que era ciego. Qué absurdo que no creamos en el personaje que nos ha dejado dos grandes epopeyas y le rindamos culto a un gordo cocainómano, experto en hacer pases, goles y echárselos: los goles y los pases. Qué absurdo ser hincha de Santa Fe e ir al estadio. Qué absurdo que haya cuerdos que no saben lo que hablan, y locos que premeditadamente expulsan las palabras de su boca. Qué absurdo que haya cuerdas que no sepan leer, locas que lean y cuerdas que solo sirvan para amarrar cosas, y como camino hacia la meta del suicida. Perdón por generalizar, no me gusta: yo no sé escribir e igual lo hago.

Como la gente no sabe por qué marcha e igual sale a gritar consignas en contra de la  reforma a una ley: ¿sabían que es una reforma y no la propia ley que trata el tema de la educación por lo que salieron a marchar hoy? Tal vez los profesores y cuidadosos estudiantes que entienden cómo hacer tendencias sobre finanzas y  sobre cómo se terminará sodomizando a la educación en este país.

Yo creo que el sodomizar no es una cosa propiamente mala, pero debe pertenecer al ámbito de lo privado. Tal vez por eso es que el gobierno propone más sodomización, pues lo que terminaría pasando es que se privatizaría más el sector educativo.

Sigo escribiendo y Fausto todavía me persigue. Tengo la certeza de que la persecución  está tomando rasgos obtusos. Como el de intentar establecer una línea única de reflexión, un solo pensamiento para Colombia. Pero Pablo Escobar debió tener sus razones para dejar vivir a uno de sus familiares. Me imagino que dijo: "Home Obdulio. Como yo no pude pagar la deuda esterna de este sociedá, vos podrás encargarte de hacerla pensar, de mejorar..." Y así es. Para él no hay desplazamiento, sino migraciones económicas. Para él no hay paramilitares, corruptos, interventores de teléfonos. Para él hay políticos, perseguidos con asilo político y una ideología. Y todo eso me pone a pensar: ¿Cuál es el nivel de absurdo que se le permite a un columnista?

También tiene su cosa la izquierda: . Eso de reconocer la diversidad, ser detentores de la verdad en el reconocimiento de lo diverso, también tiene sus consecuencias obtusas. Eso de creerse dueños de un discurso único, en el que se presentan como los denunciantes de todo hecho corrupto, de establecer la negación como punto de vista y reconocer a su enemigo en el resto del país, eso, termina siendo, a la postre (o más bien de entrada) de derecha.

Pues establecer solo una forma de reconocer lo diverso es entender ese brote de diferencias a través de un pensamiento único. Proteger la corrupción que se desborda en el propio partido es confirmar la decepcionante frase del catedrático moral, o catedrético, Miguel Nule. "La corrupción pertenece a la naturaleza humana". O algo así cantó el gallo. También se ve cómo al reconocer una identidad del enemigo, a lo que  ayuda una unidad nacional, es declarar la guerra del no a todo, de la oposición por posición dada, del no reconocimiento de los logros del otro y, por tanto, del otro. Por eso es que sus columnistas muestran el no rotundo como temática repetitiva. Se derechizan, como bien decía Caballero, hasta transformarse en "abzurdos". Así lo digo yo.

Pero lo que se les permite a los columnistas no es el absurdo, es el espacio: el espacio para expresarse dentro de El Tiempo. Y así sigue la cosa, el tiempo pasándome por en frente y yo no lo persigo, lo contemplo desde la posición de espectador. Tal vez él sí esté persiguiendo a Fausto, pero el tiempo ya no es relativo. El tiempo no persigue a nadie. El tiempo solo corre y, desde hace varios años, se imprime. ¿Será eso posible dentro de todo este absurdo? ¿Que Fausto solo esté corriendo detrás mío? Si es así, ¿por qué no me alcanza si lleva corriendo  un rato largo detrás mío? Y yo no me he movido ¿Será que  funciona  igual que el tiempo? ¿será que, simplemente, no me alcanza?

Sampérnico