Fausto me persigue. No sé quién es, pero estoy absolutamente seguro que me persigue. Es como el Homero de Iliadas y Odiseas: no sabemos si existió, pero tenemos la certeza de que era ciego. Qué absurdo que no creamos en el personaje que nos ha dejado dos grandes epopeyas y le rindamos culto a un gordo cocainómano, experto en hacer pases, goles y echárselos: los goles y los pases. Qué absurdo ser hincha de Santa Fe e ir al estadio. Qué absurdo que haya cuerdos que no saben lo que hablan, y locos que premeditadamente expulsan las palabras de su boca. Qué absurdo que haya cuerdas que no sepan leer, locas que lean y cuerdas que solo sirvan para amarrar cosas, y como camino hacia la meta del suicida. Perdón por generalizar, no me gusta: yo no sé escribir e igual lo hago.
Como la gente no sabe por qué marcha e igual sale a gritar consignas en contra de la reforma a una ley: ¿sabían que es una reforma y no la propia ley que trata el tema de la educación por lo que salieron a marchar hoy? Tal vez los profesores y cuidadosos estudiantes que entienden cómo hacer tendencias sobre finanzas y sobre cómo se terminará sodomizando a la educación en este país.
Yo creo que el sodomizar no es una cosa propiamente mala, pero debe pertenecer al ámbito de lo privado. Tal vez por eso es que el gobierno propone más sodomización, pues lo que terminaría pasando es que se privatizaría más el sector educativo.
Sigo escribiendo y Fausto todavía me persigue. Tengo la certeza de que la persecución está tomando rasgos obtusos. Como el de intentar establecer una línea única de reflexión, un solo pensamiento para Colombia. Pero Pablo Escobar debió tener sus razones para dejar vivir a uno de sus familiares. Me imagino que dijo: "Home Obdulio. Como yo no pude pagar la deuda esterna de este sociedá, vos podrás encargarte de hacerla pensar, de mejorar..." Y así es. Para él no hay desplazamiento, sino migraciones económicas. Para él no hay paramilitares, corruptos, interventores de teléfonos. Para él hay políticos, perseguidos con asilo político y una ideología. Y todo eso me pone a pensar: ¿Cuál es el nivel de absurdo que se le permite a un columnista?
También tiene su cosa la izquierda: . Eso de reconocer la diversidad, ser detentores de la verdad en el reconocimiento de lo diverso, también tiene sus consecuencias obtusas. Eso de creerse dueños de un discurso único, en el que se presentan como los denunciantes de todo hecho corrupto, de establecer la negación como punto de vista y reconocer a su enemigo en el resto del país, eso, termina siendo, a la postre (o más bien de entrada) de derecha.
Pues establecer solo una forma de reconocer lo diverso es entender ese brote de diferencias a través de un pensamiento único. Proteger la corrupción que se desborda en el propio partido es confirmar la decepcionante frase del catedrático moral, o catedrético, Miguel Nule. "La corrupción pertenece a la naturaleza humana". O algo así cantó el gallo. También se ve cómo al reconocer una identidad del enemigo, a lo que ayuda una unidad nacional, es declarar la guerra del no a todo, de la oposición por posición dada, del no reconocimiento de los logros del otro y, por tanto, del otro. Por eso es que sus columnistas muestran el no rotundo como temática repetitiva. Se derechizan, como bien decía Caballero, hasta transformarse en "abzurdos". Así lo digo yo.
Pero lo que se les permite a los columnistas no es el absurdo, es el espacio: el espacio para expresarse dentro de El Tiempo. Y así sigue la cosa, el tiempo pasándome por en frente y yo no lo persigo, lo contemplo desde la posición de espectador. Tal vez él sí esté persiguiendo a Fausto, pero el tiempo ya no es relativo. El tiempo no persigue a nadie. El tiempo solo corre y, desde hace varios años, se imprime. ¿Será eso posible dentro de todo este absurdo? ¿Que Fausto solo esté corriendo detrás mío? Si es así, ¿por qué no me alcanza si lleva corriendo un rato largo detrás mío? Y yo no me he movido ¿Será que funciona igual que el tiempo? ¿será que, simplemente, no me alcanza?
Sampérnico
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