19 sept 2011
No para
El mundo está dando vueltas sobre su propio eje a velocidades impresionantes, así ni usted ni yo lo podamos percibir. El capitalismo se está reformando con cada cana que le sale a Obama. Una gente sale de fiesta sin comer, mientras otra celebra que llegó una porción de arroz a un plato, vacío desde antes que se pudiera perder la memoria. A García Márquez le atribuyen afirmaciones filosóficas, mientras él está descifrando qué carajos fue lo que escribió. A un técnico de fútbol lo despiden, sin que sus jugadores hayan alcanzado a adaptarse a su estilo de juego.Un hippie monta una empresa y se vuelve millonario, por tratar de hacer el amor y no la guerra. Un actor porno se traga una pastilla de viagra, mientras su colega a penas está llegando al orgasmo. Alguien está leyendo la respuesta de un mensaje de Blackeberry, sin ni siquiera haber planeado hacer una pregunta. A un senador le faltan 190.000 pesos para gasolina, y un ciudadano busca la misma cifra para salir de la pobreza.
Un hipster critica al sistema detrás de las originales gafas que logró copiarle a Woody Allen. Un punketo rompe un vidrio y celebra haber destruido una parte del sistema que mañana, será reemplazado igual que él por otro punkero que tal vez no destruya solo el vidrio, sino todo un negocio. Y este será suplantado por uno que sepa alejar a los saboteadores, tan necesarios para que haya movimiento.
Porque eso es lo que nos queda: movernos. Ir al gimnasio para volvernos cada vez más fuertes, en un mundo en el que todo lo podemos hacer con un click. Como Anonymous cierra páginas oficiales, en vez de espichar un botón y redirigir un cargamento de comida a Somalia, donde la O.N.U. dice que hay gente muriéndose de hambre. La O.N.U. puede tener razón, pero yo le creí más a la foto de los huesos de un niño forrados en una piel marrón, compuestos en una en posición fetal, que publicó un periódico gringo. Imagen que se consiguió presionando un botón. Imagen que estaba a un click de distancia cuando fui a leer la noticia.
No sé qué hacer con ese niño. No sé si en verdad era un niño. Podría haber sido una señora que jamás creció, que jamás se movió por una desnuitrición infame. No sé si comerme la próxima hamburguesa del Corral, que tanto me echó Diego en cara, mientras sigo jugando al buen ciudadano. No sé si creo en el tiempo, pero tengo la certeza de que no para. No sé si creer en mis principios, porque este maldito movimiento no cesa y creo que ya están comenzando a ser finales.
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